Actualizado en data 18/05/2019

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Seres míticos

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A muller que roubaba nenos

 Ofrecemos aquí un revelador texto publicado en “El Correo Nacional” o 4 de xullo de 1839,  remitido polo correspondencte na cidade da Coruña sobre o mito da muller que rouba nenos.

A transcrición é do profesor José Manuel Pedrosa.

Vergonzosa superstición 

Hace días que entre la plebe de esta ciudad, de que por desgracia abunda demasiado, corría el rumor de que una mujer hechicera vagaba por los pueblos robando niños, a quienes dejaba mudos con solo tocarles la mano, sometiéndolos al imperio de su voluntad, y los enviaba luego por el aire a una botica, con cuyo farmacéutico estaba la bruja en inteligencia para extraer de sus entrañas por medio de procedimientos mágicos, las sustancias que exigían las diabólicas composiciones de su oficio.

Este cuento ridículo y supersticioso, repetido de boca en boca, llegó a tomar tanto cuerpo que ya entre esas pobres gentes solo se hablaba de niños por docenas que faltaban en Santiago, Betanzos y en otros puntos. Y era tal el miedo que inspiraba, que muchas madres para salvar a sus hijos de las manos de la hechicera y de los alambiques y retortas del boticario, se constituían sus centinelas permanentes, dejándolos bien cerrados, cuando les era forzoso alejarse de su vista; y otras que no se hallaban en posición de sujetarlos a tan rigurosas precauciones, les encargaban la mayor vigilancia con toda mujer que tuviese cara de bruja, cuya prevención desempeñaban cumplidamente, huyendo hasta de cualquiera que para ellos llevase faldas desconocidas.

Dominada esta clase del pueblo en la época de las luces por tan grave e irregular extravío del entendimiento, sin hallar la menor contrariedad a la publica manifestación que hacían de sus creencias extravagantes, a pesar de toda la ilustración de la restante parte de la Coruña, interesada en destruir preocupaciones; y excitada su animosidad en salvar nada menos que a sus hijos de la funesta influencia de una mujer en estrechas relaciones con el diablo, cuyo primer designio era dejarlos mudos, hacerles volar y sujetarlos luego a las operaciones de un mágico farmacéutico, debiera temerse que si alguna infeliz descubría señales de bruja para un populacho tan atrasado, cayese la tempestad sobre ella, como cae sobre un perro sano a quien los muchachos suponen rabioso; y ese temor desgraciadamente acaba de realizarse con asombro y aun escándalo público.

Presentóse en la plaza del mercado de esta ciudad una señora anciana vestida con mucha decencia, que parece se hallaba aquí ventilando intereses, y después de haber comprado lo que la convenía, ajustó una moza para que en una cesta se lo llevase a su casa, en donde recibirla el premio de su trabajo.

Pero ¡fatal convenio! Al lado de la joven había otra que, sorprendida al verla admitir el encargo, le dice: “¿Qué haces, si esta es la hechicera que roba los niños?”.

La muchacha arroja al momento su cesta, que ya tenía sobre la cabeza, y se escapa gritando: “la bruja, la bruja en la plaza”.

Esta palabra mágica en un pueblo tan preparado fue una chispa eléctrica que conmovió los ánimos de aquel numeroso concurso, y le precipitó sobre el punto de donde había salido con la misma furia que se tira contra las rocas un golpe de mar borrascoso.

Las voces de “muera, muera”, se repiten en todas partes acompañando la oleada terrible, y la señora anciana, al ver su vida en tan gran peligro, huye después de recibidos muchos golpes y de haber abandonado su mantilla en manos de las arpías de que ya era presa, y se salva en la inmediata casa de un mercader, que a distar diez pasos más del lugar de escena se hubiera consumado el sacrificio, quedando víctima inocente de un furor supersticioso.

No por esto desmayó la animosidad de la plebe, que ya se preparaba a embestir el asilo de la supuesta bruja, y a demolerlo si para hallarla fuese indispensable.

Pero afortunadamente se presentó la policía con el aparato debido; y a fuerza de ruegos, amenazas, y de otros trabajos, consiguió disipar el tumulto, que había durado más de tres horas y constituido el resto del pueblo en grande alarma.

¿Necesita comentarios un hecho tan escandaloso? La pluma se cae de las manos.


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